M.A.D.R.E
- 19 jun 2025
- 2 Min. de lectura
M: Maestra de la vida
A: Admirada por su labor
D: Dedicada a sus hijos
R: Resiliente, por no dejarse caer
E: Esforzada por amar, cuidar y guiar
La madre: un puente entre mundos
Una madre es la única conexión real que tenemos desde el primer instante. Ella ha llevado en su vientre el peso de dos mundos: el suyo y el de un nuevo ser.
Es refugio, maestra, sanadora y sostén. Protege, cuida, enseña, sufre, olvida, defiende, persevera…
Pero sobre todo, ama más que a sí misma.
Una madre siempre estará ahí. No porque no sienta dolor, frustración o miedo, sino porque su amor es tan incondicional que, a pesar de las fallas, perdona antes de que le pidan perdón.
También se equivoca… y se culpa
Quizás cometió errores. Pero no los planeó.
Los errores de una madre son, muchas veces, el resultado de haber sido lanzada sin preparación a un rol para el que nadie la entrenó, más que lo que vio o vivió en su infancia.
Muchas madres se preguntan en silencio:
”¿Qué hice mal?”, “¿Por qué esto duele tanto?”, “¿En qué fallé si intenté hacerlo bien?”
Se cuestionan cuando ven que sus enseñanzas no se reflejan en sus hijos. Temen fallar todos los días.
Y a veces, simplemente quieren gritar o salir corriendo.
Porque el cansancio de una madre no siempre es físico. Es emocional, mental y existencial.

Una madre no es perfecta. Es humana.
Ella también tuvo sueños. También deseó vivir otras cosas.
No quiso fallar.
Y aunque muchas veces se levanta, hay días en los que querría quedarse en el suelo, no por falta de amor, sino por agotamiento.
El amor de una madre se expresa en mil formas, aunque su hijo solo haya pedido una.
Maternidades heridas, maternidades conscientes
Muchas mujeres llegamos a la maternidad emocionalmente heridas o inmaduras.
No porque no quisiéramos amar, sino porque no recibimos de nuestra propia madre lo que necesitábamos o merecíamos legítimamente.
Existe una cadena transgeneracional de carencias:
Nuestra bisabuela no pudo darle a nuestra abuela lo que necesitaba,
La abuela tampoco pudo dárselo a nuestra madre,
Y nuestra madre, sin saber cómo, no pudo dárnoslo a nosotras.
Dar lo que no se tuvo duele.
Pero dar lo que no se tuvo… sana.
Con mamá nace el primer vínculo
Hoy, más que nunca, necesitamos reconocer el impacto de esa primera relación.
Con mamá se establece el primer lazo emocional, la primera forma de amor, el primer modelo de afecto, cuidado y validación.
Y lo vivido ahí… se reproduce en nuestras relaciones futuras.
Por eso, mirar a nuestra madre con compasión —sin idealizar ni condenar— es un acto de valentía, sanación y crecimiento.
Ser madre no es tener todas las respuestas. Es amar, incluso en el caos.
Y ser hijo o hija no es exigir perfección, sino entender la historia detrás del cuidado recibido.








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